lunes, 4 de julio de 2011

Siempre libre

Detrás de cada cosa que uno escribe, en el fondo hay una necesidad psicológica potente de demostrar que uno puede ser libre.

No hablo de la pelea por la libertad en general, sino la afirmación a cada momento de que puedo ser libre. Me produce un gran cansancio tener que explicar siempre a alguien lo que voy a hacer, por qué lo voy a hacer, e incluso, a veces, de qué manera lo voy a hacer.

Me cansa mucho el sórdido camino plomazo de pedir permiso por cada acto, como tranquilizando a alguien que se va a molestar por alguna acción mía. Acción que se llevará a cabo, y yo lo sé, de la forma que a mí se me antoje, porque para eso he vivido toda esta vida mía sin joder a nadie.

En cada una de estas declaraciones de principios grita desesperadamente un niño vigilado y educado, que soy yo.

Las relaciones de todo tipo, las laborales, los noviazgos, los matrimonios (sobre todo), tienen una fecha de vencimiento, por más que uno no quiera verlo; y no hay nada más feo que el amor-amistad-sociedad con alguien que empieza a emanar olor a rancio. Si en una relación hay demasiados gritos, demasiados desencuentros, y demasiadas explicaciones, por ende demasiada vigilancia, eso tiene un nombre y el nombre es hastío. Es contra lo que uno tiene que lidiar, y más aun, cuando uno ya ha tenido hijos, o que ya ha cumplido de alguna manera con los sueños que le prometieron a tus ansias que todo iba a ser como uno lo imagina. Después de que uno le dejó a la vida lo que se supone que debe dejarle.

Siento la necesidad de decirte lo siguiente, querido subtenauta: Aquel que se repliega y deja de lado su libre albedrío, por miedo a no cumplir con las leyes sociales, es alguien que está dejando tirada una hermosa Ferrari roja en la calle, con las llaves puestas.

Te insto a que empieces a hacer lo que se te da la gana, no hacer lo que a uno se le da la gana es perder la capacidad de caminar, mantener por deber relaciones plomas, relaciones que te ponen en la situación de soportar, aguantar, acompañar, restaurar, compadecer, y ni hablar de las relaciones de personas que tienen la costumbre de estar siempre mal, porque como bien dijera la Fufi: “el que está siempre mal o no logra ponerse al tiro de las circunstancias, quejándose, se convierte en un plomo, y la gente que no tiene porqué aguantarlo, sabiamente, se aleja”.

Ese miedo constante a perder algo que no te pertenece.

Aprendé a decir “basta” cuando estés hinchado, y no esperes a estar hinchado para decir “basta”.


Un tal Alfredo Casero para "La Razón", 01/07/2011

5 comentarios:

Reina dijo...

Leo siempre las notas de Casero en La Razón y no tienen desperdicio... raramente no estoy de acuerdo con algo... :)
Ésta me pareció genial por lo bien enfocada que está, un tema tan importante resumido en pocas palabras sin dejar nada afuera...
El tipo es un genio en todo sentido...!

Gabrielli dijo...

En ocasiones uno puede o no coincidir con su visión del humor, pero en este caso tocó un tema que a los que nos animamos descaradamente a ordenar letras sobre un espacio tratando de darle un significado (que muy probablemente entendamos sólo nosotros en toda su extensión) nos toca de cerca ;-).

Reina dijo...

A mí me gusta su humor, como piensa y cómo escribe... difícilmente no estoy de acuerdo... ;)a veces es difícil seguirlo, hay que estar muy atento, es muy rápido... pero me gusta mucho.

Gabrielli dijo...

Ojo, a mí Cha Cha Cha me encantaba! Igualmente tengo un problema con el grotesco, no así con el absurdo. Es decir, De la Cabeza mucho no me gustaba, pero el anterior sí.

Igualmente para rápido... Tato o el mismo Pinti ;-)

Reina dijo...

Mirá que tenemos genios en Argentina...! Tato, Pinti y tantos más...